José Sacristán, Medalla de Honor 2020

Una de las noticias que más ilusión nos hace dar es que el gran actor JOSÉ SACRISTÁN es nuestra Medalla de Honor en la 75 Edición de las Medallas CEC.

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Nacido en Chinchón (Madrid) el 27 de septiembre de 1937, José Sacristán Turiégano sufrió penalidades durante la postguerra, pues su progenitor, El Venancio, campesino militante del partido comunista, acabó en prisión. Cuando iba “de visita” de una cárcel a otra, La Nati, su madre, que tenía buen tino para la copla y el cante chico, le dejaba al cuidado de su abuela y de su tío Francisco. En el gallinero del cine de su pueblo vio su primera película: “No recuerdo el título. Creo que era una de Fu Manchú”. Y decidió que quería ser actor, como esos que veía en la pantalla.

“Mi padre derrotado, humillado. Y yo queriendo ser Tyrone Power o Errol Flynn, porque no te creas que quería ser Adolfo Marsillach”. Cuando El Venancio salió en libertad condicional, se trasladaron a Madrid como realquilados con otras dos familias en un piso de 50m2: la clásica “habitación con derecho a cocina”. Entre otros centros educativos, estudió en la Institución Sindical de Formación Profesional Virgen de la Paloma.

Mientras cumplía el servicio militar en Melilla, aprovechó para leer todos los libros que pillaba. Durante ese tiempo decidió que lucharía por cumplir su sueño. Así que, al acabar, empieza como meritorio en el teatro con pequeñas intervenciones. Reconoce que le debe mucho a Fernando Fernán Gómez. Hasta su fallecimiento, mantuvieron una gran amistad. “Intento ser buen alumno suyo, pero sólo estoy en segundo de Fernando”. Como la profesión no le daba para cumplir con sus obligaciones familiares (“Recuerdo hacer siete papeles a la vez en Julio César por 30 duros”), se convierte en uno de los primeros vendedores del Círculo de Lectores.

Pedro Masó le ofrece una sesión en La familia y… uno más, su primer trabajo en el cine. Le siguen La ciudad no es para mí, Nuevo en esta plaza, ¿Qué hacemos con los hijos?, Sor Citroën… Mariano Ozores le llama para Operación Mata-Hari, y José Luis Sáenz de Heredia, para El alma se serena. Y enlaza Don erre que erre, Matrimonios separados, Cateto a babor, La tonta del bote… Habitual del landismo, junto a otros intérpretes como el propio Alfredo Landa o Antonio Ferrandis, interviene a veces en cinco títulos al año. Junto a No desearás a la mujer del vecino, Vente a ligar al Oeste o Manolo, la nuit, cabe recordar su Angelino de Vente a Alemania, Pepe, con un punto trágico, pues presume de haber hecho fortuna al emigrar, pero la realidad no es tan bonita como parece.

Supone un punto de inflexión en su filmografía su encuentro a comienzos de los 70 con el productor José Luis Dibildos, de Ágata Films, que le elige como protagonista de sus filmes Vida conyugal sana y Los nuevos españoles, de Roberto Bodegas, Mi mujer es muy decente, dentro de lo que cabe, de Antonio Drove, y La mujer es cosa de hombres, de Jesús Yagüe, con las que se inauguró la denominada Tercera Vía del cine español, que buscaba un término medio entre el cine comercial y el de autor. Los tres títulos tienen en común guiones en los que intervenía el propio Dibildos y José Luis Garci, que después como realizador le propuso Asignatura pendiente y Solos en la madrugada. Comienzan a confiar en él realizadores de prestigio. Fernán Gómez le convierte en hijo suyo, en una familia de actores itinerantes, en la excelente El viaje a ninguna parte; Pedro Olea en abogado que lleva doble vida en Un hombre llamado Flor de Otoño; Luis García Berlanga en el teniente republicano de la Guerra Civil Broseta en La vaquilla; Eloy de la Iglesia en un parlamentario homosexual de izquierdas en El diputado; Gonzalo Suárez en el escritor José Ditirambo en Epílogo, y Mario Camus en el hambriento intelectual Martín Marco, eje central de La colmena, adaptación de la novela de Camilo José Cela.

Debutó como director con Soldados de plomo, donde también interpreta al protagonista, un hombre que regresa a su ciudad natal para hacerse cargo de su herencia. Acompañado por grandes actores, como Fernán Gómez o Amparo Rivelles, este filme se basa en un relato de Eduardo Mendoza, a cuyo personaje más famoso, el detective sin nombre de El misterio de la cripta embrujada, también había dado vida en la pantalla. Su segundo trabajo tras la cámara fue Cara de Acelga, donde interpreta a un vagabundo que intenta robar una valiosa pintura. También dirigió la adaptación de la obra teatral Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, que también recuperaba a Concha Velasco, su coprotagonista.

            Inicia los 90 en el cine con el que quizás sea su mejor trabajo: Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, donde interpreta a un geólogo, contratado por el cacique de un pueblo de la provincia argentina de San Luis, para buscar petróleo. El filme ganó con toda justicia la Concha de Oro en San Sebastián. Repetiría con el realizador argentino en Roma. Junto a títulos como Madregilda, de Francisco Regueiro; Todos a la cárcel, de nuevo con Berlanga, y El pájaro de la felicidad, de Pilar Miró, intervino en series televisivas como Gatos en el tejado, ¿Quién da la vez?, Éste es mi barrio, Velvet, Tiempos de guerra o Alta mar.

            Ha seguido en el cine como profesor retirado de pasado tormentoso en Magical Girl, de Carlos Vermut —por la que fue nominado a la Medalla CEC al mejor actor—; como hippy empeñado en vivir como en su juventud en Formentera Lady, de Pau Durà; como un tipo que en el pasado fue brillante, pero que padece Alzheimer, en Las furias, de Miguel del Arco; como un mafioso violento pero en apariencia encantador en Toro, de Kike Maíllo, y como articulista temido en Madrid, 1987, por la que recibió otra candidatura a la Medalla CEC al mejor actor. Y más recientemente ha sido el viejo obsesionado de Quatretondeta, de Pol Rodríguez; el hombre de paja de Vulcania, de José Skaf, el hombre digno de Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta; el marido sufridor de El inconveniente, de Bernabé Rico, y el recalcitrante lúcido perdedor de El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, con el que ganó el Goya y el Gaudí, entre otros premios.

            Nunca ha dejado el teatro, con una carrera brillante en la que destaca Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, escrita por Adolfo Marsillach y coprotagonizada por Concha Velasco, que en 1981 supuso todo un fenómeno tras su estreno en el Teatro Principal de Valencia. También cabe recordar su participación en las zarzuelas El huésped del sevillano, La chulapona, El caserío, El cantar del arriero, La parranda, Doña Francisquita... O sus musicales con Paloma San Basilio, El hombre de la Mancha y My Fair Lady. Y más teatro: Cristales rotos, Amadeus, Muerte de un viajante, Almacenados, Danza macabra, Un Picasso, Dos menos, Yo soy Don Quijote de la Mancha, El loco de los balcones, Caminando con Antonio Machado, El pan y la sal, Muñeca de porcelana... Actualmente y desde hace más de una año, representa Señora de rojo sobre fondo gris, una adaptación de la novela del mismo título de Miguel Delibes, dirigida y producida por José Sámano.

 

Imagen vía decine21